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miércoles, 19 de septiembre de 2012

CATEQUESIS DOMINGO 24 DEL AÑO (B)


DOMINGO 24 DEL AÑO (B)
“para vos, ¿quién soy yo?”

Liturgia:
Isaías 50, 5-10; Santiago 2, 14-18;
Marcos 8,27-35


Introducción:
Al reconocer a Jesús como el Hijo de Dios y asumir que él hace todo bien hecho (la semana pasada) al igual que Dios y que con su acción él está realizando y actualizando la creación, dando un sentido nuevo y enderezando el rumbo de nuestra vida, somos llamados a salir de una simple afirmación para entrar en la experiencia de vida. Este domingo somos llamados a reconocer y a profesar la fe en Jesús desde lo que sentimos, vivenciamos y experienciamos estando en su compañía.
La pregunta fundamental será ¿quién soy para ustedes? A esa altura ya no tiene sentido una respuesta retirada del catecismo o una respuesta dada por la catequista. Más de seis meses estamos en su compañía, encontrándonos con él domingo tras domingo. Lo conocemos, sabemos de su poder, de amor, su misericordia y de todo su afecto hacia cada uno de nosotros.
Para responder a esa pregunta tenemos que buscar la respuesta en nuestro corazón, no en la consciencia.

Cómo siempre lo hacemos, escucharemos un cuento para ayudarnos a pensar cosas de nuestra vida que serán iluminadas por la Palabra de Dios. El cuento de hoy se llama: “EL HIJO”.

Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. Tenían de todo en su colección; desde Rafael hasta Picasso. Muy a menudo, se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte.  Desgraciadamente, el hijo fue a la guerra.
Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo. 
Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta. Un joven con un gran paquete en sus manos dijo al padre: Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida.
Él salvó muchas vidas ese día, me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, muriendo  así instantáneamente. Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte.
El muchacho extendió los brazos para entregar el paquete: "Yo sé que esto no es mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto."
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el joven soldado. Él contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre estaba tan atrapado por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos propios se arrasaron de lágrimas.
Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro. “¡Oh no, Señor, yo nunca podría pagarle lo
que su hijo hizo por mí! ¡Es un regalo!” El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea.
Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería.
El hombre murió y unos meses más tarde se anunció una subasta con todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante e influyente acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección. Sobre  la plataforma estaba el retrato del hijo.
El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta: "Empezaremos los remates con este retrato del hijo, ¿quién ofrece por este retrato?" Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación grito: "Queremos ver las pinturas famosas, olvídese de esa".
Sin embargo el subastador persistió: "¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100.00? ¿$200.00?"
Otra voz gritó con enojo: "No venimos por esa pintura, venimos por... los Van Goghs, los Rembrandts. Vamos a las ofertas de verdad".
Pero aun así el subastador continuaba su labor: "El Hijo, El Hijo, El Hijo... ¿Quién se lleva El hijo?"
Finalmente una voz se oyó desde atrás, el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, ofreció lo único que podía ofrecer, $10. 
"Tenemos $10 ¿Quién da $20?", grito el subastador."
La multitud se estaba enojando mucho.  No querían la pintura de "El Hijo". Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo: "Va una, van dos,  VENDIDA por $10".
"¡Empecemos con la colección!", gritó uno. El subastador soltó su mazo  y dijo: "Lo siento mucho, damas  y caballeros, pero la subasta llego a su final"
Pero, ¿y las pinturas?", dijeron los interesados.
"Lo siento", contestó el subastador: "Cuando me llamaron para conducir esta Subasta, me dijeron de un secreto estipulado en el testamento del dueño."
Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de "EL HIJO" sería subastada. Aquel que la aceptara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas.
El hombre que aceptó quedarse con "EL HIJO",  se queda con TODO".

¿Qué podemos rescatar del cuento? En nuestra vida, ¿a qué valoramos?
¿Qué se entiende cuando el cuento dice, “el que se queda con el hijo se queda con todo”?

LA CATEQUESIS COMPLETA EN DESCARGAS

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