Queridos hermanos, les pedimos disculpas por tantas entradas que no hacían parte de la Catequesis. Creemos que ya solucionamos el problema deshabilitando las entradas a través del correo electrónico, que utilizaban para enviar spam a nuestra página.
Aquí les dejo una actividad para los niños y padres.
http://www.arguments.es/jesuseselsenor/03p/story.HTML
El equipo de Catequesis Dinámica
| Todas las imágenes que están en el blog pueden ser vistas en grande pinchando sobre ella, también podemos verlas reunidas en la galería de fotos. |
martes, 26 de agosto de 2014
sábado, 8 de diciembre de 2012
AÑO DE LA FE Y ADVIENTO
COMPARTO UN LINDO MATERIAL PARA TRABAJAR EL AÑO DE LA FE EN EL ADVIENTO
En el enlace a continuación de las imágenes encontrarás la reflexión para cada semana.
Enlace para descargar la reflexión de cada semana.
lunes, 12 de noviembre de 2012
¿CÓMO CARGAS TU CRUZ?
Este cuento trata de tres obreros que día a día laboran, cada uno en el puesto que ocupaban en una hacienda.
Daniel, quien se encargaba de cuidar los caballos se pasaba todo el día lamentándose de cuan duras eran sus tareas y que poca paga recibía. A Ramón le tocaba ordeñar y llevar a pastar las vacas.
Siempre se le escuchaba maldecir, y en ocasiones muy frecuentes estallaba en cólera dándole punta pies a todo lo que encontraba a su alrededor. Por último, estaba Carlos quien se encargaba de cuidar los cerdos.
Carlos, lo primero que hacia antes de comenzar sus labores era darle los buenos días a cada uno de sus compañeros de trabajo, y de paso le obsequiaba la mejor de sus sonrisas. El trabajo de Carlos era bastante
pesado, al igual que el de Daniel y el de Ramón, pero a diferencia de estos últimos dos, Carlos nunca maldecía, ni se quejaba. cuando la cólera amenazaba con dominarlo. Carlos suavemente desliza su mano hasta introducirla en uno de los bolsillos de su pantalón donde guardaba una cruz de madera, la sacaba, la contemplaba por un instante, luego la guardaba y continuaba su labor con una gran calma. Esta acción llenó de mucha curiosidad a sus compañeros de trabajo.
Un día, mientras estaban todos los empleados almorzando, Daniel tomó la palabra y dirigiéndose a Carlos le dice: - ¡Oye Carlos! ¿Por qué siempre llevas una cruz de madera en el bolsillo de tus pantalones?
Ramón entra en la conversación y de forma burlona comenta lo siguiente: - De seguro que es su amuleto de buena suerte. Carlos introduce la mano en el bolsillo de sus pantalones, saca la cruz y sosteniéndola en sus manos dice: - Esta cruz que yo fabriqué con mis propias manos y que esta vacía (o sea que no tiene un Cristo), tiene un gran significado para mí. Esta cruz representa la cruz que a mi me ha tocado cargar en esta vida. Cada vez que la miro, a mi mente llega el recuerdo del calvario y veo en ese recuerdo a tres personas llevar sus respectivas cruces. La primera persona que veo es a Dimas llevando su cruz obligado, porque no le queda mas remedio; la otra persona que veo es a Gestas (el mal ladrón) que la lleva maldiciendo y renegando; por ultimo veo a Jesús que se abraza a su cruz mientras camina. Cuando la cólera amenaza con robarme la paz, tomo esta cruz en mis manos y me hago la siguiente pregunta: ¿cómo quiere Dios que lleve esta cruz que me ha dado? ¿Cómo Dimas? ¿Cómo Gestas? ¿O cómo Jesús?
De ti depende como quieres llevar esa cruz la llevaras como Dimas, como Gestas, o como Jesús.
martes, 6 de noviembre de 2012
CATEQUESIS 32 DOMINGO DEL AÑO (B)
DOMINGO
32 DEL AÑO (B)
“Jesús nos enseña a ser generosos”
Liturgia:
1 Reyes 17, 10-16; Carta a los Hebreos 9, 24-28;
Marcos 12, 38-44
Marcos 12, 38-44
Introducción:
Jesús
y sus discípulos ya están en Jerusalén. Los domingos anteriores Él se dirigía a
esta ciudad y pasando por Jericó se encuentra con el ciego Bartimeo. La semana
pasada el escriba le pregunta sobre el primero de los mandamientos. Jesús se
encuentra en el Templo (con mayúscula), lugar principal de la ciudad, porque es
centro de la economía, de la religión y del poder, siendo así también de la
vida de los judíos.
En
el Templo, Jesús observará cómo cada uno hace su ofrenda a Dios. Unos le
ofrecen lo que les sobran, otros les dan lo que pueden, una viuda le da lo
último que tiene para vivir. A partir de este evangelio Jesús nos invita a
descubrir y a practicar la verdadera generosidad.
(Para
los niños hay un cuento más apropiado en la catequesis para niños)
La
historia que vamos a escuchar pasó hace
muchos años, antes del nacimiento de Jesús. El cuento lo vamos a llamar: “LA
VIUDA DE SAREPTA”. Sarepta es la región de Sidón, donde Jesús también pasó y
sanó al ciego de nacimiento.
Adaptación
del texto 1Reyes 17, 10-16 (Se puede
utilizar el cuento de la catequesis para niños)
Dice la historia que Dios había
ordenado a un joven profeta que fuera a vivir en otro lugar. El joven le
pregunta a Dios: ¿Dónde voy, si mi familia vive en esta región? Dios le
respondió, vete a vivir a Sarepta de Sidón. ¿En Sarepta? Le dijo el joven.
Menos. Nunca pasé por ese lugar, ¿quién me alimentará? Dios le dijo: “ordenaré
a una viuda que te alimente”.
- No, Señor, replicó el joven
profeta. ¿Cómo una viuda me alimentará si no tiene para comer?
No te preocupes, le dijo Dios o
¿acaso no crees que soy tu Dios?
Sí, Señor, creo, pero, no es
justo que le saque la comida a una viuda.
No le sacarás la comida, ella te
servirá.
El joven se levantó y partió a
Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad, vio una viuda recogiendo
leña y pensó debe ser esa la viuda que me dijo Dios.
- Señora, le gritó el profeta,
traeme un vaso de agua para beber.
Cuando ella iba por el agua, el
joven le gritó otra vez:
- Traeme también un poco de pan.
Ella le dijo muy apenada: -
Señor, no tengo nada de pan cocido; sólo me queda un puñado de harina en una
vasija y un poco de aceite en una jarra. Precisamente estaba recogiendo un poco
de leña para preparar algo para mi hijo y para mí; lo comeremos y luego
moriremos.
El joven profeta pensó: me
equivoqué, no es esa la viuda; igual le voy a pedir otra y de esta vez usaré el
nombre de Dios. Entonces le dijo:
- No temas, ve a casa y haz lo
que has dicho, pero antes hazme a mí una pequeña porción de pan y traémela.
Para ti y para tu hijo la harás después. Porque así dice el Señor, Dios de
Israel: No faltará harina en la vasija ni aceite en la jarra.
Ella, por obediencia, fue e hizo
lo que le había dicho el joven profeta y tuvieron comida para él, para ella y
para toda su familia durante mucho tiempo. Nunca le faltó harina ni aceite,
según la palabra del Señor.
¿Qué
podemos destacar de la historia? ¿En qué momento vemos la confianza de la viuda
en el Señor? ¿Haríamos lo mismo nosotros?
LA CATEQUESIS COMPLETA ESTÁ EN DESCARGAS
lunes, 5 de noviembre de 2012
EL PRECIO MÁS ALTO
El hombre estaba tras el mostrador, mirando la calle distraído.
Una nena se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina.
Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto.
Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.
-"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?". -dijo ella.
El dueno del negocio miró desconfiado a la nena y le preguntó:
-¿Cuánto dinero tienes?
Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
- "¿Esto alcanza?".
Eran apenas algunas monedas las que exhibia orgullosa.
-"¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor.
Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella.
Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos".
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
-"Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado".
Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo.
Aun no acababa el día, cuando una linda joven entró en el negocio.
Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
-"¿Este collar fue comprado aquí? "¿Cuánto costó?
- "Ah!", - habló el dueño del negocio.
"El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven exclamó:
-"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas.
El collar es verdadero, ¿no?
Ella no tendría dinero para pagarlo".
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven y le dijo:
- "Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar:
ELLA DIO TODO LO QUE TENIA".
El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
---------------------------------------------------
La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones.
La gratitud de quien ama no conoce límites para los gestos de ternura.
Agradece siempre, pero no esperes el reconocimiento de nadie.
Gratitud con amor no sólo reanima a quien recibe, reconforta a quien ofrece.
Una nena se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina.
Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto.
Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.
-"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?". -dijo ella.
El dueno del negocio miró desconfiado a la nena y le preguntó:
-¿Cuánto dinero tienes?
Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
- "¿Esto alcanza?".
Eran apenas algunas monedas las que exhibia orgullosa.
-"¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor.
Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella.
Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos".
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
-"Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado".
Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo.
Aun no acababa el día, cuando una linda joven entró en el negocio.
Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
-"¿Este collar fue comprado aquí? "¿Cuánto costó?
- "Ah!", - habló el dueño del negocio.
"El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven exclamó:
-"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas.
El collar es verdadero, ¿no?
Ella no tendría dinero para pagarlo".
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven y le dijo:
- "Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar:
ELLA DIO TODO LO QUE TENIA".
El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
---------------------------------------------------
La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones.
La gratitud de quien ama no conoce límites para los gestos de ternura.
Agradece siempre, pero no esperes el reconocimiento de nadie.
Gratitud con amor no sólo reanima a quien recibe, reconforta a quien ofrece.
---------------------------------------------------
Relaciona el cuento con el texto de Marcos 12, 38-44 y piensa qué tipo de ofrenda le das a Dios como cristiano/a (católico/a).
LA LÁMPARA Y LA VELA
Había una vez una lámpara líder que organizó una fiesta para todas las lámparas de la región. Fueron todas vestidas con sus respectivas pantallas retocadas y adornadas como todas las lamparas.
En un momento determinado una pobre vela entró tímidamente en la sala y hubo una súbita amenaza de cortocircuito que afecto a algunas lamparas que empezaron a brillar un poco menos. Poco a poco la lampara líder fue aceptando la presencia de la velita en el inmenso salón de fiestas. Resolvió hacer poco caso de ella y llamo a sus compañeras para que se acercaran a fin de que pudieran oír lo que la velita, sin pantalla, sebacea, tenía que decir.
--¿Quien es usted? -- preguntó la lámpara líder.
-- Una vela, como usted ve... Respondió la pobre velita.
-- Eso lo sabemos. Pero, ¿que hace usted?
--Yo tengo luz independiente, que sin embargo también la recibo de otra fuente. Soy símbolo de fe; a pesar de que ustedes son mas fuertes que yo, no llevo pantalla, porque se que mi vida es efímera, mi luz nace de dentro de mi, oscila y mi patrón vuelve a encenderme sin necesitar mucha ayuda, soy tan peligrosa como usted, pero no origino tantas catástrofes; una criatura puede usarme pero me respeta más que a usted; voy disminuyendo mientras ilumino. Valgo mucho a los ojos de los hombres que, cuando no consiguen encender a ustedes, recurren a mi.
Las lámparas no lograban contener la risa histérica frente a aquel espectáculo de inferioridad. Súbitamente hubo un malestar general en todas y se fueron apagando, gritando en demanda de socorro, hasta que la sala quedó totalmente oscura. Sólo quedó la velita que acompañó al electricista para el trabajo de reparación.
Cuando las lamparas volvieron en si y se reunieron para pedir disculpas a la velita, ésta ya era un puñadito de cera dando el último suspiro.
La vela que parecía ser insignificante había dado la vida.
jueves, 1 de noviembre de 2012
CATEQUESIS DOMINGO 31 DEL AÑO (B)
DOMINGO
31 DEL AÑO (B)
“Jesús nos invita a escuchar la voz de dios
para vivir sus mandamientos”
Liturgia:
Deuteronomio 6, 2-6; Carta a los Hebreos 7,
23-28;
Marcos 12, 28b-34
Marcos 12, 28b-34
Introducción:
Así
como en situaciones anteriores Jesús fue interpelado por fariseos, doctores de
la ley, por el joven rico con diversas preguntas copiosas, Marcos coloca en
escena un hombre que parece interrogar a Jesús con recta intención, aunque sea
limitada. Es un escriba, un teólogo podríamos decir, que quiere corroborar cuál
mandamiento Jesús considera como primero, más importante. Jesús le responde con
la primera frase del “Shemá Israel” (escucha Israel), poniendo en relieve que
debemos escuchar con atención todos los días el gran amor de Dios que nos habla
de diferentes maneras en nuestro cotidiano.
Escuchemos
el cuento y pensemos qué enseñanza nos puede traer para que vivamos lo que
Jesús nos trae como buena noticia:
Erase una vez, en un pequeño
pueblo, una señora llamada Ana, mujer muy responsable en sus tareas y muy religiosa.
Todos la admiraban por su gran fe y amor a Dios. La responsabilidad que ella
tenía en las cosas sociales la trasladaba a las cosas de Dios, de modo que
todos los días iba a la iglesia y rezaba como dos hora allí frente al santísimo.
Salía de la iglesia e iba a su casa, preparaba el almuerzo y esperaba a su
marido e hijos para comer con mucha alegría.
A la tarde salía otra vez para
las reuniones de grupos que participaba, todos los días una reunión de un grupo
diferente, participaba de la misa y volvía a su casa a prepararles la cena a
sus familiares.
Doña Ana pasó muchos años en esta
rutina, haciendo sus quehaceres de la casa y las cosas de la iglesia por amor a
Dios. Se sentía orgullosa por amar tanto a Dios y disponer de su tiempo para su
servicio rezando, en las reuniones de grupo y la participación de la misa.
Doña Ana un día se enfermó y no pudo
recuperarse, partió de este mundo y se fue al cielo. Llegando en el cielo
estaba San Pedro, el portero con las llaves en su mano. Doña Ana con una gran
sonrisa le dijo a San Pedro:
- Buen día, San Pedro, permiso,
que me encontraré con mi Señor.
San Pedro le dijo:
- Usted no puede entrar todavía.
- ¿Por qué no? Le preguntó Doña
Ana. Si toda mi vida dediqué mi tiempo a Dios, lo amé con toda mi alma, con
todo mi espíritu, con toda mi fuerza y con todo mi entendimiento. Recé todos
los días y me encomendaba a él, hice reuniones de grupos, comulgué diariamente.
San Pedro le dijo:
- Este es el problema. Comprendo
que hiciste todo por amor a Dios y reconozco que eres una mujer de mucha fe.
Toda la vida hiciste todo pensando en Dios y por amor a Él realizaste muchas
cosas en la Iglesia, pero no aprendiste a ser Iglesia. Aún más, te olvidaste
que estaban tus hermanos que te necesitaban. Hay en ti un gran amor a Dios, pero
no demostraste un gran amor a tus hermanos. Mientras estabas en las reuniones
tu vecino agonizaba y no lo fuiste a visitar; mientras participabas de las
misas diarias no te diste cuenta que la mujer que se sentaba todos los días al
lado tuyo necesitaba de palabras de aliento y una persona que la escuche.
Mientras rezabas todos los días al santísimo, no reconociste nunca tu pecado
por omisión en el servicio y amor al prójimo.
Así que a usted, Doña Ana, Dios
ha dado una nueva oportunidad. Vuelvas a la tierra y aprendas la otra parte de
los mandamientos de Dios.
Doña Ana volvió a la tierra y ya
no estaba en la iglesia rezando como todos los días lo hacía, sino que mientras
visitaba a los enfermos, en las casas y hospitales, hacía con ellos sus
oraciones; ya no participaba de tantos grupos, sino que se dedicó a cada
persona que necesitaba de su servicio en esta hora antes de la misa y cuando
participaba de la misa diaria, ya no la ofrecía por sí misma sino por todos los
enfermos y necesitados de su pueblo. Se dio cuenta que amar a Dios sin amar a
los hermanos es no cumplir con la voluntad de Dios.
¿Qué
realidad nos muestra el cuento?
Doña
Ana, ¿cómo vivía los mandamientos?
¿En
qué se había equivocado Doña Ana? Nosotros, ¿cómo vivimos los mandamientos?
CATEQUESIS
PARA PADRES
Jerusalén
es el lugar en el que se debe manifestar el Mesías, restaurando la Ley y la
justicia en Israel. Como centro de la enseñanza de Jesús en Jerusalén, dirigida
a diversos sectores del judaísmo (Mc 11, 27), está la enseñanza del primer
mandamiento. Como en las discusiones anteriores, también en el evangelio de hoy
el punto de partida es la pregunta de un teólogo. La respuesta de Jesús es,
inicialmente, apenas un reflejo de la teología tradicional. Tal teología nos
invita a escuchar al Señor, porque sólo a través de la escucha se puede saber
cuál es el deseo de Dios y la cita del Libro del Deuteronomio nos dice que no
hay otro deseo sino reinar en el corazón del hombre. Las primeras palabras son:
“Escucha, Israel” y sigue con las características: él es nuestro Dios y es
único (Deut 6, 4). Sigue diciendo, “por eso ama al Señor….”
Escuchemos el Evangelio de este
domingo Marcos 12, 28b-34
¿Cómo
podemos relacionar el evangelio con la vida de Doña Ana del cuento?
LA CATEQUESIS COMPLETA EN DESCARGAS
CATEQUESIS 30 DEL AÑO (B)
DOMINGO
30 DEL AÑO (B)
“Jesús abre nuestros ojos”
Liturgia:
Jeremías 31, 7-9; Carta a los Hebreos 5, 1-6;
Marcos 10, 46-52
Marcos 10, 46-52
Introducción:
Después
de un largo período de enseñanza teórica y práctica, Jesús se dedica una vez
más al pueblo de Dios sin dejar de dedicarse a la enseñanza a los doce. Los
doce deben aprender ahora desde la observación de los hechos de Jesús, por eso
es muy significante este domingo, ya que para observar necesitamos además de la
atención, que nuestros ojos estén abiertos, mucho más que abiertos, diría que
seamos capaces de percibir, sentir e interiorizar las obras del maestro.
Escuchemos
la historia de un muelle, en el cuento: MI PEQUEÑO MUNDO SE HA ROTO
Había una vez un muelle
que vivía tranquilo y seguro dentro de su bolígrafo. Aunque oía muchas cosas
procedentes del exterior, vivía creyendo que fuera de su mundo, el bolígrafo,
no había nada bueno. Sólo pensar en dejar su bolígrafo le daba tal miedo que no
le importaba pasar su vida encogiéndose y estirándose una y otra vez en el
minúsculo espacio del boli.
Pero un día, se acabó
la tinta, y cuando su dueño lo fue a cambiar tuvo un despiste. El muelle saltó
por los aires y fue a parar al desagüe del lavabo, y por ahí se perdió de
vista. El muelle, aterrorizado y lamentándose de su suerte, atravesó tuberías y
tuberías, pensando siempre que aquello era su fin. Durante el viaje por las
cañerías no se atrevió a abrir los ojos de puro miedo, sin dejar ni un momento
de llorar. Arrastrado por el agua, siguió, siguió y siguió, hasta ir a parar a
un río; cuando la corriente perdió fuerza, al ver que todo se calmaba, dejó de
llorar y escuchó a su alrededor, y al oír sólo los cantos de los pájaros y el
viento en las hojas de los árboles, se animó a abrir los ojos. Entonces pudo
ver las aguas cristalinas del río, las piedras del fondo, y los peces de
colores que en él vivían y jugaban, y comprendió que el mundo era mucho más que
su pequeño bolígrafo, y que siempre había habido muchas cosas en el exterior
esperando para disfrutarlas.
Así que después de
jugar un rato con los peces, fue a parar a la orilla, y después a un campo de
flores. Allí escuchó un llanto, que le llevó hasta una preciosa flor que había
sido pisada por un conejo y ya no podía estar recta. El muelle se dio cuenta
entonces de que él podía ayudar a aquella flor a mantenerse recta, y se ofreció
para ser su vestido. La flor aceptó encantada, y así vivieron juntos y alegres.
Y siempre reían al recordar la historia del muelle, cuando pensaba que lo único
que había en la vida, era ser el triste muelle de un bolígrafo.
¿Cuál
es el contexto del cuento? ¿Podríamos decir que el muelle era ciego? ¿Qué tipo
de ceguera tenía?
¿Qué
cosas descubrió el muelle al salir de su mundo?
Ahora
escuchemos el evangelio y pensemos en nosotros: Marcos 10, 46-52
¿Cuáles
el contexto? ¿Qué personajes aparecen? ¿Qué pedido le hace el ciego a Jesús?
LA CATEQUESIS COMPLETA EN DESCARGAS
CATEQUESIS DOMINGO 29 DEL AÑO (B)
DOMINGO 29 DEL AÑO (B)
“ser discípulo es saber servir”
Liturgia:
Isaías 53, 10-11; Carta a
los Hebreos 4, 14-16;
Marcos 10, 35-45 o 10, 42-45
Marcos 10, 35-45 o 10, 42-45
Introducción
No es difícil entender que Jesús quiere que aprendamos lo mejor
para poder participar del Reino de Dios, como nos enseñaba la liturgia del
domingo pasado, el problema es que somos tercos, de cabeza dura y nos cuesta
aceptar las exigencias que él nos hace. Mientras Jesús nos habla del
desprendimiento todavía estamos con la mirada puesta en ser grandes,
importantes, tener y retener las cosas como garantía del futuro. Como todavía
no entendemos de todo el mensaje del evangelio, y si lo entendemos nos cuesta
ponerlo en práctica, pensamos también en los primeros puestos o qué lugar
ocuparemos en el cielo.
Los discípulos en el episodio de esta semana obrarán así dejando
entender que no comprendieron nada de toda la enseñanza de Jesús, y si la
entendieron todavía siguen con el pensamiento de quién es el más grande y que
dejaron todo para seguirlo y consecuentemente, tienen derechos o pueden elegir
un lugar en el cielo.
Atención: Haremos una división para que el cuento sirva mejor a
los padres y otro a los niños.
CATEQUESIS PARA LOS PADRES
Escuchemos un hecho real y pensemos un poco cómo Dios nos
devuelve el bien y el servicio que hacemos sin pensar en retribuciones.
Una noche de
tormenta, hace ya bastantes años, un matrimonio mayor entró en la recepción de
un pequeño hotel en Filadelfia. Se aproximaron al mostrador y preguntaron:
"¿Puede darnos una habitación?".
El empleado, un hombre atento y de movimientos rápidos, les dijo: "Lo siento de verdad, pero hoy se celebran tres convenciones simultáneas en la ciudad. Todas nuestras habitaciones y las de los demás hoteles cercanos están ocupadas”. El matrimonio manifestó discretamente su agobio, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo tan horroroso pudieran encontrar dónde pasar la noche. El empleado entonces les dijo: "Miren..., no puedo dejarles marchar sin más con este aguacero. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré con el sillón de la oficina, pues tengo que estar toda la noche pendiente de lo que pase”.
El empleado, un hombre atento y de movimientos rápidos, les dijo: "Lo siento de verdad, pero hoy se celebran tres convenciones simultáneas en la ciudad. Todas nuestras habitaciones y las de los demás hoteles cercanos están ocupadas”. El matrimonio manifestó discretamente su agobio, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo tan horroroso pudieran encontrar dónde pasar la noche. El empleado entonces les dijo: "Miren..., no puedo dejarles marchar sin más con este aguacero. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré con el sillón de la oficina, pues tengo que estar toda la noche pendiente de lo que pase”.
El matrimonio
rechazó el ofrecimiento, pues les parecía abusar de la cortesía de aquel
hombre. Pero el empleado insistió con cordialidad y finalmente ocuparon su
habitación. A la mañana siguiente, al pagar la estancia, aquel hombre dijo al
empleado: "Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel.
Quizás algún día construya uno para devolverle el favor que hoy nos ha
hecho". Él tomó la frase como un cumplido y se despidieron
amistosamente.
Pasados dos años,
recibió una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba
un billete de ida y vuelta a New York, con la petición expresa de que por favor
acudiese. Con cierta curiosidad, aceptó el ofrecimiento. Después de un breve
recorrido, el hombre mayor le condujo hasta la esquina de la Quinta Avenida y
la calle 34, señaló un imponente edificio con fachada de piedra rojiza y le
dijo: "Este es el hotel que estoy construyendo para usted". El
empleado le miró con asombro: "¿Es una broma, verdad?". "Puedo
asegurarle que no", le contestó. Así fue como William Waldorf Astor
construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente, de nombre
George C. Boldt.
Es evidente que Boldt no podía imaginar que su vida estaba
cambiando para siempre cuando tuvo el detalle al atender cortésmente al viejo
Waldorf Astor en aquella noche tormentosa en Filadelfia. Pero lo sucedido es
una muestra de cómo servir a los demás es algo que siempre tiene un buen
retorno, sobre todo cuando uno no lo busca ni lo espera.
La amistad, el amor, la felicidad y el servicio a los demás, son
realidades muy vinculadas. Nadie puede asegurarnos la felicidad, pero lo que a
cada uno corresponde es procurar merecerla. La felicidad es como el premio de
la virtud. Por eso decía Platón que “si el semblante de la virtud pudiera
verse, enamoraría a todos”.
¿Por qué estamos viendo este cuento real en lugar de otro? Porque
en nuestra vida real el servicio desinteresado a los demás ya está pasado de
moda, porque la sociedad nos apunta a las ganancias. Y cuando pensamos en las
cosas de Dios lo pensamos desde esa misma mirada – el domingo pasado Pedro le
decía a Jesús: “Señor, hemos dejado todo para seguirte” – buscando una
recompensa que es el cielo.
El Evangelio de hoy nos hablará justamente de ese tema. Nuestra
capacidad de servicio no es para que pensemos qué puesto tendremos en el cielo,
sino para que nos realicemos a través del servicio.
Escuchemos el evangelio: Marcos 10,
35-45 o 10, 42-45
¿Qué pedido
hacen los discípulos a Jesús? ¿Qué le pediríamos nosotros?
¿Cómo
entendemos la respuesta de Jesús?
LA CATEQUESIS COMPLETA EN DESCARGAS
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